Nuestro Instituto

Autoridades Institucionales


Director de Pastoral:

P. Arturo Gilotti


Representantes Legales:

Alejandra B. Hernández

Pablo J. Domínguez Zoth


Capellán:

P. Juan Manuel Favatella


Directora Nivel Inicial:

Graciela Fernandez


Directora Nivel Primario:

Lucia Cesarek


Secretaria Nivel Primario:

Andrea Quiroga


Directora Nivel Secundario:

Alejandra Hernández


Vicedirectora Secundario:

Silvina Moro


Secretario Secundaria:

Fernando Cingolani

Nuestra propuesta:

  • Brindar un espacio pedagógico y social que complemente el rol educativo de la familia.

  • Propiciar el desarrollo de las potencialidades de cada niño atendiendo sus necesidades afectivas, lúdicas, del conocimiento y de la expresión de la creatividad.

  • Lograr la formación integral del niño desde la óptica de nuestro ideario que es " Educar desde la Fe".

  • Acercar a los niños al descubrimiento de Dios como Padre Providente.

Objetivos:

  • Proporcionar una formación básica e integral del alumno en su dimensión cristiana, es decir, en sus valores humanos.

  • Atender los intereses y necesidades de los niños estimulando su potencial individual.

  • Formar el desarrollo personal creando hábitos de estudio que posibiliten la adquisición y dominio de saberes significativos

  • Educar a los niños en la Fe para que asuman una actitud de respeto hacia todos los que los rodean y den testimonio de los valores humanos, éticos y morales que deberán regir la sociedad del futuro.


Proponemos:

  • Lograr que nuestros adolescentes y jóvenes asuman su educación como un desafío permanente para desarrollar sus potencialidades.

  • Generar espacios que los capaciten para continuar estudios superiores e insertarse en el ámbito laboral sustentando un proyecto personal de vida en valores trascendentes.

  • Desarrollar un juicio crítico de la realidad a la luz del Evangelio y las enseñanzas de Jesús.

  • Orientación: Economía y Administración


  Mons. Raspanti bendice nuestra escuelaCarousel image

Historia. En el año 1958, Monseñor Miguel Raspanti funda nuestro Colegio Don Bosco, perteneciente a la Comunidad Parroquial San Miguel Arcángel, en la ciudad de Castelar.


Este colegio fue uno de los primeros en crearse en la Diócesis de Morón.

Monseñor Raspanti, sacerdote salesiano, y primer Obispo de Morón da el nombre a nuestra escuela en homenaje a San Juan Bosco, fundador de la familia salesiana. En sus primeros años sólo se desarrollaban actividades en el Nivel Primario.


En marzo de 1966 se incorpora el Nivel Preescolar dando comienzo a nuestro Jardín de Infantes. En el año 1995 el Jardín se traslada y comienza a desarrollar sus actividades en el edificio de la calle Tucumán. Ese mismo año se hace realidad el deseo de la toda comunidad y comienza a funcionar el Nivel Secundario con un sólo curso.

Posteriormente se fueron agregando todos los cursos hasta completar, en la actualidad, un total de dos secciones por curso.


Actualmente contamos con herramientas tecnológicas y pedagógicas que están al servicio de los alumnos y docentes, como la sala de informática de última generación y aulas multimedia equipadas con tecnología de punta para actividades multimedia y videoconferencias. También incorporamos acceso a wifi para docentes y para que los alumnos puedan acceder a las plataformas educativas institucionales. También ofrecemos espacios extracurriculares para fomentar el desarrollo integral de los alumnos.

Como Escuela Católica Parroquial se promueve, desde entonces, la familiaridad entre sus miembros, la educación personalizada y el servicio a los más necesitados de la comunidad.

Hoy con el apoyo de toda la comunidad y abrazando el ideario diocesano la escuela sigue creciendo día a día para brindar una educación en valores de calidad.


San Juan Bosco

Ideario de la escuelas de la Diócesis de Morón

Presentación. “Tiempo de construir juntos caminos de comunión”

“Desde el umbral del tercer milenio, el Papa nos invita a hacer de la Iglesia -casa y escuela de comunión-. Por tanto, el gran desafío de nuestras diócesis consiste en abrir espacios de encuentro, reflexión y fiesta, en generar un ambiente acogedor y cálido donde todos los bautizados puedan vivir los diversos carismas con verdadero y fecundo espíritu de caridad, de verdad y de unidad en la diversidad, en plena comunión con el obispo que preside. Esto significa, en concreto, recrear los espacios eclesiales habituales para hacerlos suficientemente atrayentes y aglutinantes: familias, comunidades parroquiales, instituciones educativas, comunidades de consagradas y consagrados, pequeñas comunidades y movimientos. Al mismo tiempo es necesario que todos se sientan llamados e impulsados a participar armónicamente en la misión de la Iglesia diocesana. Solo así la Esposa de Jesucristo resucitado, con el cautivante aroma de su testimonio de santidad comunitaria, será un signo vivo y creíble en medio de nuestra sociedad, y prenda alegre y humilde de reconciliación, diálogo y encuentro.” (NMA 83)

Este ideario diocesano pretende ser un marco que favorezca nuestra tarea pastoral educativa en la Diócesis con el firme propósito de ofrecer un camino que podamos recorrer juntos y así consolidar un proyecto orgánico general que aproveche nuestras fortalezas y nos muestre cómo trabajar aún con nuestras debilidades.

La educación es fundamentalmente un proceso de construcción y transformación de la cultura, entendida como un modo particular de vivir en el mundo, de relacionarse con la naturaleza, con los demás hombres y con Dios. (DP 386)

Es una oportunidad que se nos presenta de construir juntos, en comunión, una base sólida de trabajo compartido entre todas las escuelas de la JUREC.

Grandes son los talentos que el Señor ha distribuido en la comunidad y nos cabe la tarea de que den fruto abundante. Hoy la Iglesia nos reclama a todos un nuevo ardor misionero. Es absolutamente justo que empecemos la misión de modo urgente entre aquellos que tenemos la responsabilidad de conducción de nuestros centros educativos, para así acompañar el proceso de compromiso de la comunidad.

Es un marco de trabajo, no una imposición. Un instrumento que surge fruto de la reflexión y el aporte de nuestros colegios. Un organizador que facilite la construcción de proyectos institucionales desde una racionalidad compartida.

La complejidad del mundo en que vivimos nos interpela para buscar respuestas, modos nuevos de presentar nuestras propuestas educativas y es en la riqueza de la mirada común (crítica y reflexiva) que encontraremos caminos por recorrer y renovar así nuestras instituciones.

No es tiempo de encerrarse en el interior de nuestros colegios, es tiempo de construir juntos y de fortalecernos del pensamiento y testimonio colectivo.

El ideario diocesano tiene dos partes bien marcadas. Una primera en donde se comparten y establecen las ideas fundamentales referentes a aspectos centrales que debe contemplar todo proyecto educativo pastoral. Es un esfuerzo por clarificar conceptualmente nuestro mensaje y establecer así coherencia de miradas “…para que tengamos un mismo pensar…”

Y una segunda parte más práctica que simplemente enuncia algún modo posible de elaboración de un proyecto educativo pastoral y un marco de referencialidad que permita verlo en los hechos “…para que tengamos un mismo latir…”

Lo que caracteriza y de sentido a la Escuela Católica es su referencia a Jesucristo y su mensaje. Los valores del Evangelio se convierten en motivaciones interiores, normas educativas y al mismo tiempo en metas finales. (EC 33-34)

Ideario Diocesano.

“Un Nuevo Ardor Misionero”

Principios Evangélicos para enmarcar la Misión Educativa de nuestras escuelas Diocesanas

Una Comunidad de hermanos enviada a anunciar la Salvación

Jesús elige una comunidad para anunciar el Reino. La Iglesia es la comunidad de los que Él elige para que sean sus discípulos y lo hagan presente hasta que Él vuelva.

Es, en esencia, comunidad, donde todos siendo muchos somos uno. Por eso su misión es anunciar la salvación de los hombres con todos los hombres. La Iglesia es el pueblo de Dios y la tarea de cada miembro encuentra en la comunidad su fundamento, huyendo de los personalismos que no reflejan el espíritu comunitario que el Señor Jesús le imprimió desde siempre.

Cristo confió a la Iglesia la misión salvífica que había comenzado. Ella es misionera desde su misma creación, atendiendo a que “… está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales” (Aparecida 11.) Nuestros obispos nos han expresado con claridad la necesidad de una Iglesia misionera que pueda dar respuesta a las circunstancias complejas y desafiantes de la cultura actual en nuestro continente y que el mensaje del evangelio pueda insertarse en el corazón de las realidades que nos tocan vivir, ya que es la respuesta plena y viviente a las acuciantes necesidades humanas del presente tiempo (cf. Aparecida 33 – 42)

La escuela es esencialmente evangelizadora y es, por lo tanto, una porción de la Iglesia – comunidad, en la que estamos llamados a encontrarnos con Jesús y entre nosotros, vivir y anunciar su palabra y en todo amar como Él nos ama.

Educamos para ser comunidad cristiana, para ser Iglesia doméstica, diocesana y parroquial.

El Señor ha querido que todos los hombres, en la Iglesia, vivan en comunión fraternal el espíritu de las bienaventuranzas anunciado en el evangelio. La Iglesia atrae cuando los discípulos reflejamos en nuestra vida la comunión del amor a Dios (DA 159), evitando “…el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad, pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad…” (DA 12)

El Espíritu Santo anima y orienta toda la vida de los fieles que pueden, en este mundo, vivir el amor que un día disfrutarán plenamente junto al Señor.

El encuentro del hombre con el Dios de la Vida

La evangelización es la misión fundamental de la Iglesia; cuando ésta evangeliza y logra la conversión del hombre, lo está educando, pues la salvación – don divino y gratuito – lejos de deshumanizar al hombre lo perfecciona y ennoblece; lo hace crecer en humanidad pues lo personaliza.

La evangelización es una tarea urgente para que el hombre pueda encontrar en el Dios de la vida el sentido de su existencia en medio de las grandes distracciones que hoy se ofrecen al ser humano y que degradan su verdadera condición y el destino magnífico que el Señor tiene reservado para él. Sólo en Dios hallará la respuesta a sus inquietudes, teniendo siempre presente que “…no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (DCE 1). Una evangelización renovada que suscite discípulos y misioneros, que presente caminos de vida verdadera y plena para todos y que esté al servicio del encuentro de los hombres con Jesucristo (cf. Aparecida 13 y 14). En la expresión de Juan Pablo II: “…una evangelización nueva en su ardor, sus métodos y su expresión…”

El proyecto educativo de la escuela Católica se define precisamente por su referencia explícita al Evangelio de Jesucristo, con el intento de arraigarlo en la conciencia y en la vida de la comunidad toda, teniendo en cuenta los condicionamientos culturales de hoy, que “…requiere, desde nuestra identidad católica, una evangelización mucho más misionera en diálogo con todos…” (Aparecida 13)

Precisamente por la referencia explícita, y compartida por todos los miembros de la comunidad escolar, a la visión cristiana, aunque sea en grado diverso, es por lo que la escuela es católica, porque los principios evangélicos y el Magisterio de la Iglesia se convierten para nosotros en marcos conceptuales, normas educativas, motivaciones interiores y al mismo tiempo metas finales.

El anuncio de la Buena Noticia se transforma en el corazón de la vida de la escuela. Le confiere su razón de ser y es a través de este anuncio feliz que su latido se convierte en manantial donde todos pueden beber de la misma fuente: la palabra del Señor que ha venido al mundo para que todos los hombres se salven.

La comunidad escolar encontrará en el anuncio de la Buena Noticia el gozo de realizar la misión que el Señor legó a su querida y amada Iglesia, teniendo a la Eucaristía como centro de su vida y la Palabra de Dios como guía de su camino (cf. DA 180). Misión comunitaria por deseo del mismo Cristo que dejó en los apóstoles esta tarea para que fuera llevada a todo el mundo.

Hijos de un Padre que nos hizo hermanos

“Proclamamos que todo ser humano existe pura y simplemente por el amor de Dios que lo creó, y por el amor de Dios que lo conserva en cada instante” (Aparecida 388)

La persona es una “unidad bio – psíquico – espiritual, una presencia consciente y creadora en el mundo, confiada a su libertad y responsabilidad, en medio de otras personas con las que no solo debe convivir sino autoconstruirse mediante la interacción con ellos y responder así al llamado de una visión trascendente” (EPV).

El hombre es el único ser de la tierra capaz de proyectos siendo él mismo proyecto “que en Dios revelado en Jesús encuentra el sentido, la fecundidad y la dignidad de la vida humana” (Aparecida 389)

Cristo es el “Hombre Nuevo” que se presenta como modelo de vida para toda la humanidad. Él nos muestra que el verdadero sentido de la vida del hombre se consigue amando como Él nos amó: entregando la vida por los otros.

A partir de una adecuada concepción del hombre como persona en comunidad de personas, podemos ayudarlo a lograr su plenitud, ante las distintas concepciones que lo llevan a cerrarse a la trascendencia y lo reducen a categorías de eficiencia y rentabilidad.

Ante la desesperación del sin sentido y de la vaciedad del refugio en los bienes materiales, el Señor nos muestra la alegría de vivir una vida plena en el servicio a los hermanos y nos recuerda siempre que hemos sido llamados por Dios para vivir eternamente en Él (cf. Aparecida 44, 45, 387)

La preocupación por la dignidad humana prestará especial atención a una opción preferencial por los pobres y en el mismo Cristo que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (Cf. Aparecida 392)

La escuela católica estará atenta:

  • A la formación y el desarrollo de la fe de cada hombre que busca respuestas a su necesidad de trascendencia.

  • Al desarrollo físico completo desde la niñez hasta su pleno crecimiento.

  • Al desarrollo intelectual que le permitirá comprender, insertarse y transformar la cultura en la cual se encuentra.

  • A la relación con el medio ambiente, que debe cuidar y crear permanentemente buscando que sea la casa de todos los hombres, sin exclusiones.

  • Al desarrollo socio-afectivo y moral: desde cierta concentración en sí mismo hacia una actitud de donación y desde una heteronomía hacia una autonomía responsable.

  • Al aprendizaje de la hermandad, la amistad, el noviazgo y la vida de familia (la relación conyugal, la maternidad y paternidad, y la filiación)

Nuestra escuela estará atenta a mostrar la verdadera vocación del hombre hacia su plenitud y de los peligros que encierra el negar la esencia que el mismo Dios le otorgó desde el principio de la creación: su dignidad de hijo (Aparecida 104)

Educamos para transformar el mundo

A través de la educación logra el hombre desarrollarse plenamente en todas sus potencialidades. Por medio de ella recibe el legado de la humanidad y se proyecta hacia el futuro con la esperanza de mejorar la cultura en la cual se encuentra inmerso.

Para ello promueve la educación en la fe; está atenta a la integración entre fe y cultura desde la vida misma; pauta itinerarios de crecimiento adecuados a la condición juvenil; respeta los momentos de maduración en que se encuentran los jóvenes; y privilegia a los destinatarios más pobres y necesitados. EN Nº19

En la educación tenemos la posibilidad de transformar el mundo en un lugar más hermoso, justo y en el cual todos se encuentren incluidos, reconociendo que la espiritualidad de comunión es el principio educativo en todo lugar donde se educa al hombre (cf. NMI 43)

La educación cristiana busca el encuentro personal y comunitario con Jesucristo para “transformar mediante la fuerza del evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que están en contraste con la Palabra de Dios y el designio de salvación” (DP 1025 citado en Aparecida 331)

La Iglesia es madre y maestra. Educa a sus hijos en los valores del evangelio de nuestro Señor. Nuestro estilo educativo se basa en el de Jesús maestro, que acompaña, escucha, enseña con autoridad y comparte la vida en comunidad. Por tanto no nos limitamos a comunicar en forma sistemática una serie de conocimientos, sino de formar hombres capaces de decidir, de vivir en libertad, con espíritu crítico y con una clara visión cristiana de la vida en todos sus aspectos.

Buscamos una educación integral mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura evitando los reduccionismos antropológicos que acentúan la producción, la competitividad y el mercado (cf. Aparecida 328 y 329).

Nuestra educación cristiana asume un profundo compromiso con la búsqueda y construcción de la verdad. Verdad integral que abarca tanto las dimensiones espiritual, intelectual, afectiva y corporal de los alumnos que personaliza y libera. Una educación que asume comprometidamente los valores de la vida en familia, del mundo social y del ámbito político como espacios en donde los valores del Evangelio puedan ser encarnados y, por ello, transformadores de la realidad.

Nuestra educación se encuentra insertada y comprometida con el tiempo que vive la humanidad y da respuesta a las situaciones de emergencia que hoy tiene la educación en nuestras comunidades. Por eso, está atenta a las necesidades de todos los hombres, pero es especialmente sensible con aquellos que más sufren o se encuentran con mayores desventajas para encontrar una educación que los haga hombres responsables, comprometidos y plenos (cf. Aparecida 328 y 334)

Comunidad en la que se realiza la cultura del encuentro

La escuela es la institución que transmite el saber legitimado que la sociedad ha seleccionado para todos los hombres.

Es el ámbito en el que se educa con la clara intencionalidad de hacerlo y con saberes que buscan el interés común y no sólo el de un grupo con intereses particulares.

La escuela es por esencia colectividad, trabajo en equipo, tarea que debe construirse entre todos sus miembros.

La escuela es una propuesta de formación en la que sus integrantes forjan un recorrido que plasman en un proyecto surgido del aporte de todos.

La escuela es “el lugar” donde acontece el encuentro con el menú cultural de la humanidad, el encuentro con el conocimiento y la verdad, el encuentro con el hermano, el encuentro con los valores, el encuentro con uno mismo. Dicho encuentro se concreta en un espacio de construcción en donde la tarea de todos sus miembros se efectiviza en una propuesta educativa como respuesta a las necesidades de la comunidad. Del encuentro profundo y sincero entre hermanos dependerá que los proyectos sean anhelos compartidos para un futuro mejor. A través de la tarea compartida, las comunidades fortificarán sus lazos, fruto del amor, surgido por el deseo de “hacer juntos” un espacio mejor para todos (la civilización del amor). La comunión entre hermanos es testimonio viviente de la presencia del Señor resucitado (cf. Hch 4, 32-35)

Nuestra escuela tiene una particularidad que sustantiva toda su actividad y transforma su mirada desde esa condición: es Católica. Por lo tanto entra de lleno en la misión salvífica de la Iglesia y particularmente en la exigencia de la educación de la fe, puesto “que en el proyecto educativo de la escuela católica, Cristo, el hombre perfecto, es el fundamento, en quien todos los valores humanos encuentran su plena realización, y de ahí su unidad” (Aparecida 335).

La escuela católica encuentra su finalidad en la evangelización: el anuncio explícito e implícito del Evangelio, constituyen dos momentos necesarios de una única acción educativa evangelizadora, que busca el encuentro del hombre con Dios, su Padre y Creador.

Nuestra escuela es católica no por el nombre que detenta sino porque todos los miembros de la comunidad escolar tienen o anhelan una visión cristiana, que se encuentran regidos por los principios evangélicos que direcciona toda tarea (cf. Aparecida 335)

Estas premisas permiten indicar las tareas y explicitar los contenidos de nuestra escuela. Las tareas se polarizan en la síntesis entre cultura y fe, y entre fe y vida; tal síntesis se realiza mediante la integración de los diversos contenidos del saber humano, especificado en las varias disciplinas, a la luz del mensaje evangélico, y mediante el desarrollo de las virtudes que caracterizan al cristiano como discípulo misionero.

La Escuela Católica es una comunidad de fe que busca el discernimiento a la luz del mensaje de Cristo y que en ella todos tengan la posibilidad de un encuentro personal con el mismo Dios que ama a cada uno por su nombre.

En el presente estamos llamados a una profunda renovación, con una clara identidad misionera que fomente la participación de todos para una educación de calidad, con especial atención a los más necesitados (cf. Aparecida 337)

Construyendo la cultura de la vida

Entendemos que la persona es esencialmente social; para ella existir es convivir, está llamada a realizarse en el encuentro con los otros y con Aquel que es fundamento de toda comunión y comunicación.

El hombre pues, nace y se desarrolla en el seno de una determinada sociedad, condicionado y enriquecido por una cultura particular, la recibe, la modifica creativamente y la sigue transmitiendo. (D.P. 392)

La Escuela Católica es el lugar de la transmisión orgánica, critica, valorativa, histórica y dinámica de la cultura. Persigue este fin desde una visión cristiana de la realidad, mediante la cual la cultura humana adquiere un puesto privilegiado en la vocación integral del hombre: realización de la persona en la dimensión individual, social y trascendente.LC 20 EC 36

Con la palabra cultura indicamos el modo particular como un pueblo, sus hombres y mujeres, cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos y con Dios, de modo que puedan llegar a un nivel verdadera y plenamente humano (D.P. 386)

La cultura es recibida en herencia y transformada por el interactuar de los hombres quienes frente a la aceleración de los cambios socio-culturales, necesitan ser educados para:

  • ver, interpretar y percibir lo valioso

  • discernir los valores que han de rescatarse y preservarse.

  • identificar y refutar críticamente las deformaciones culturales que atentan contra ella misma y el Evangelio.

  • transformar y construir una cultura nueva inspirada en el mensaje de Jesús.

  • Establecer comunicaciones verdaderas que se expresen en vínculos fraternos que impliquen búsqueda de comunión ante la amenaza de priorizar el estado de conexión por el de comunicación

Ya que el hombre no puede realizarse plenamente como tal sino a través de la cultura, toca a la educación la misión de promover el encuentro del educando con ella, o mejor dicho, capacitarlo para su inserción vital, consciente y recreadora en la cultura (E.P.V. 24)

La escuela es la institución destinada a la transmisión y creación de la cultura. La escuela católica completa este concepto considerándola un lugar de formación integral mediante su asimilación sistemática y crítica (E.C. 26) promoviendo constantemente la síntesis entre fe y cultura en quienes enseñan y en quienes aprenden, esperando alcanzar no sólo a los individuos sino también a las sociedades (E.P.V. 145).

Pero, con preocupación, notamos que:

La realidad de nuestra cultura se ha vuelto más compleja y para comprenderla e intervenir en ella desde el señorío de nuestra vocación, se requiere información y conocimiento sobre la misma. Existe el peligro de mirar los acontecimientos desde parcialidades económicas, políticas o científicas (Aparecida 36).

Estamos en tiempos en que se han perdido las firmezas en que nos apoyábamos, en momentos en que los medios de comunicación invaden nuestras vidas permanentemente, tiempos de crisis de sentido, la negación de la trascendencia que excluye a Dios de nuestras vidas, la negación de una visión integral del ser humano, la promoción de culturas artificiales (híbridas y desiguales) que exacerban al individuo y la subjetividad, el crecimiento del consumo como consuelo y felicidad pasajera, el menoscabo de la vida familiar, la confusión de los roles tradicionales del varón y la mujer… (cf. Aparecida 2.1 completo).

Esta realidad no nos debe sumir en el escepticismo y la desesperanza que nos haga olvidar el maravilloso don de la vida que hemos recibido para ser desarrollado con plenitud. Una vida que no termina en el dolor de la muerte, sino que tiene como horizonte final la vida eterna con Dios. Una vida que no se deja aprisionar en la artificialidad y el subjetivismo, sino que en la entrega generosa a los demás descubre su verdadero sentido. Que no excluye, reconociendo la dignidad de cada ser humano que ante estructuras que exacerban la muerte, nos muestra la vida plena en Jesucristo. Una vida en comunión con Dios y con los hermanos que nos pone al cuidado de nuestra tierra y a defender los valores de una cultura que se compromete en la búsqueda del bien y la verdad por encima de intereses economicistas o de visiones parciales del hombre ( cf. DA 106-113)

Esto nos plantea el desafío de entender el tiempo que vivimos para ser misioneros en las comunidades escolares a las que pertenecemos pero con la claridad de que “solo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano” (Aparecida 42)

Los valores evangélicos son los pilares para la construcción de una cultura solidaria y esperanzadora en el porvenir de la humanidad que fraternalmente construye un mundo que fue creado por Dios para ser la casa de todos los hombres y en la cual se sienten amados y cobijados. (cf. Aparecida 35)

La iglesia tiene la misión de anunciar el Evangelio en la cultura actual contrarrestando la cultura de la muerte con la cultura cristiana y con un lenguaje que pueda llegar a la situación del hombre, denunciando los modelos antropológicos reduccionistas y expresando con claridad la verdad de Jesucristo para la salvación de todos los hombres (cf. Aparecida 480)

Elementos para la elaboración del Proyecto Educativo Pastoral.

En este apartado se enumeran, muy sintéticamente, los elementos centrales que un proyecto educativo pastoral debe tener. No pretenden agotar su riqueza ni limitar las posibilidades de las escuelas de ampliarlo y enriquecerlo en base a la propia realidad que vive cada una de ellas.

  1. Proyecto educativo pastoral: reseñar brevemente qué significa la construcción de un proyecto en una escuela católica diocesana, en nuestra escuela en particular y de los actores que lo componen.

  2. Dimensión relacional, comunitaria y social. La tarea docente (en este apartado se establecen los aspectos centrales de la tarea que los docentes deben desempeñar en nuestras escuelas)

  3. Equipo de conducción. Modalidad de gestión. La planificación estratégica del Equipo Directivo.

  4. La propuesta educativa. La construcción de diseños curriculares actualizados con la participación de la comunidad educativa. Estilo de enseñanza.

  5. Gestión participativa. Establecer tiempos y mecanismos de participación de los actores de la institución. El vínculo con las familias

  6. Instancias de capacitación.

  7. La formación pastoral de la comunidad.

  8. Proyecto edilicio.

  9. Política de inversión de recursos.

  10. Procesos evaluativos.

  11. Gestión administrativa.

Se han enumerado los elementos centrales de un proyecto educativo. Cada uno de ellos puede ser abierto y multiplicado de muy variada manera. También se puede pensar en establecer perfiles de docentes y alumnos ya que pueden estar contenidos en la construcción de los diseños y en el marco de la enseñanza.

Glosario

DP Documento de Puebla.

LC El Laico Católico Testigo de la Fe en la Escuela.

EC La Escuela Católica.

EN Evangelii Nuntiandi.

NMA Navega mar Adentro.

DCE Deus Caritas Est

EPV Educación y Proyecto de Vida

NMI Novo Millennio Ineunte

Hch Hechos de los Apóstoles.


Himno Colegio Parroquial

Esta canción que se compuso para la escuela, fue reeditada con motivos de los festejos de los 200 años del Nacimiento de San Juan Bosco. Los arreglos e interpretación es de los Profesores de Música de la escuela Natalia Adamo y Eduardo Piazzano.